EL PALACIO “ARENAS”.LA JOYA DEL ART NOUVEAU EN SAGUA LA GRANDE.

08.09.2011 19:33

Por: MsC. Pablo Cástro Álvarez.
La casa de la familia Arenas fue, desde mi niñez, objeto de curiosidad. La mole gris con su torre que despuntaba sobre el resto de los edificios, y su imagen, que me acercaba a un pasado que solamente conocía por algunos cuentos infantiles, llamaba mi atención y la de casi todos mis amigos de la niñez. Por eso por aquel entonces muchos le decían El Castillo, El Castillito o inclusive, algunos más impresionables; La Casa Embrujada.
Acerca del Lugar
La primera plaza de Sagua la Grande había evolucionado durante el XIX y tomado a su vez diferentes nombres, a veces supeditados a su función (Plaza de Armas, Plaza de la Iglesia, Plaza del Mercado, Parque “Independencia” y algunos más). Fue el crecimiento de Sagua hacia el oeste –determinado por su ubicación con respecto al río- lo que provocó la pérdida de importancia de este espacio, que quedó definitivamente sentenciado con la inauguración de la nueva iglesia en 1860 en un solar que llamaban en esa época “Panteón de Doña Inés” y trajo consigo un buen número de edificios de carácter público a este sitio que estaba llamado a convertirse en el nuevo centro cívico de la villa. Unos años más tarde Don Eugenio Moré, Conde de Casa-Moré y fundador del ferrocarril de Sagua, construiría en una de las esquinas de la futura plaza su magnifica morada y luego (1880) el alcalde González Osma convertiría el placer en el parque que se conoció con el nombre de su artífice hasta 1902 en que comenzó a llamarse Parque “La Libertad”.
A finales del siglo XIX y en los primeros años del XX la calle La Cruz (actualmente Padre Varela) se había convertido en una de las principales vías de la ciudad -cumplía la función de enlazar la Plaza “Independencia” y el Parque “La Libertad” y, por tanto, a un buen número de establecimientos e instituciones que se conservaban aún próximos a dichos espacios- por eso allí se fueron levantando en este lapso algunas magníficas viviendas y edificaciones de carácter civil-público o religioso que aún existen.
La historia
El marqués de San Felipe y Santiago era propietario de algunos terrenos de Sagua la Grande en la década de 1880, dos viviendas arrimadas en las parcelas con los números 25 y 27 de la esquina sureste de las calles Intendente Ramírez (Solís hoy) y la calle de La Cruz. Edificios con acceso a través de La Cruz con características neoclásicas aunque con una decoración de fachada muy elemental que pudiera, incluso, encajar dentro de las tipologías tradicionales del XIX (de los dos se conserva uno de ellos, en la actualidad con el número 25 de Padre Varela). Producto de varias hipotecas las fincas urbanas fueron a parar a Don Tomás Ribalta y Serrat, padre de Carmen Ribalta. En 1902 la casa marcada con el 27 era propiedad de Teresa Santos Lamadrid y Ribalta quien la vendió a Valentín Arenas Miranda. En la década de 1910, el señor Arenas era propietario de varias pequeñas industrias y una gran cantidad de terrenos que fueron urbanizados con el crecimiento de la ciudad durante este período –motivo de incremento notable en su fortuna. En 1918 construyó en este lote el monumental edificio art nouveau que se conoce en la actualidad como “Palacio Arenas” por su apariencia impresionante, marcada por la volumetría y la singularidad de su decoración. Una inscripción colocada en una lápida que forma parte del pretil señala su año de construcción.
El primer tercio del siglo XX fue fructífero para el desarrollo económico de Cuba, para Sagua la Grande significó un impulso sin precedentes soportado por el desarrollo de la industria azucarera y el comercio con los Estados Unidos a través de su puerto. En esta etapa se construye un gran número de valiosas edificaciones de estilo ecléctico amparadas por la industria de la ornamentación para fachadas e interiores desarrollada por el escultor Aurelio Cruz Bello, la ciudad perdió durante este período su carácter neoclásico producto de la sustitución de muchas de sus edificaciones coloniales o, en otros casos, por la remodelación de las fachadas. Así la imagen arquitectónica novecentista fue sustituida por otra más acorde al panorama del XX y se fue desarrollando un eclecticismo sobrio que dejó pocos espacios a las variantes más populares basadas en motivos decorativos salidos de la interpretación de sus creadores (habitualmente sin formación académica).
En este escenario ecléctico se concibió el Palacio Arenas, dentro de una estética aparentemente abierta pero sobre un basamento dogmático. La mezcla, y su utilización en la búsqueda de la originalidad habían dado paso a múltiples variantes que, en el centro histórico de Sagua, se manifestaron formalmente sobre la base de una funcionalidad similar, sobre todo en el tema doméstico, a lo construido durante el siglo XIX. Las dimensiones de las habitaciones y la posición de las cocinas y baños, esto último determinado por los avances tecnológicos llegados a Cuba con el “cambio de metrópoli” (España por los Estados Unidos) fueron básicamente los más frecuentes cambios en el orden espacial. Las dimensiones de las parcelas (de proporciones oblongas) marcó la prevalencia de las plantas en forma de “L” o martillo y las plantas en forma de “C”. Los puntales continuaron similares al resto de los estilos coexistentes lográndose una imagen homogénea capaz de fundir coherentemente las tipologías. Es característico de esta época la aparición de varios edificios altos (hasta 5 niveles) en otros temas de carácter público, a veces con viviendas en las plantas altas.
A pesar de los cambios esenciales en la estructura de la familia sufridos con la llegada del XX, los Arenas-Armiñan, tal vez motivados por su fuerte vocación católica, optaron por la construcción de una vivienda donde pudieran convivir varias generaciones. El edificio tiene 11 habitaciones que, por sus dimensiones y disposición, deben haber sido concebidas para dormitorios; sin embargo con el transcurso de los años algunos hijos abandonaron la mansión, la ciudad incluso, y el empeoramiento en la situación económica de Sagua y de la familia hicieron a los descendientes buscar alternativas para mantener su estatus.
Por eso, hacia 1930, quizás desde antes, el mayor de los hijos, Valentín Arenas Armiñan, que se había graduado de derecho, estableció su bufete en el primer nivel del edificio. Aunque, a juzgar por el mobiliario que se conservó allí hasta hace algunos años, cabe la posibilidad de que también haya rentado algunas habitaciones a otros abogados o notarios después de su partida hacia la capital y tal vez con este objetivo hayan sido subdivididos el patio y la galería, utilizándose los accesos a través de la calle Solís para esta función e independizándose el acceso al segundo y tercer nivel, que conservaron su uso doméstico, por el zaguán en la calle Padre Varela.

Arquitectura y Urbanismo
La solución espacial de la “Casa Arenas”, analizada superficialmente, no es nada exclusiva. El acceso principal se encuentra en Padre Varela a través de un zaguán que vincula la escalera al segundo nivel y con un angosto pasillo que conduce al patio y a un salón del primer piso que tiene entrada por Solís y del cual nace una tira de habitaciones interconectadas entre sí y a través de la galería del pequeño patio central, al fondo se cierra la planta en “C” con la ubicación de una cocina y un baño a los cuales se accede también desde la galería.El segundo nivel depende de un largo pasillo que constituye la columna vertebral de su funcionamiento pues vincula las habitaciones del fondo (sur) con las habitaciones principales (al norte). Al centro sufre un ensanchamiento para dar lugar a un local que debió servir de comedor y que posee excelentes visuales hacia una terraza que da a la calle Solís. Al frente aparecen cuatro habitaciones, dos de ellas dormitorios, con acceso a sendos salones con balcones hacia Solís. Al fondo un grupo de cuatro habitaciones articuladas por el pasillo, entre ellas un baño y una cocina que conserva su mobiliario original (un fogón con hornillas de carbón y el frente de hierro fundido con alguna decoración, la campana de extracción igualmente decorada). La estrecha escalera que conduce al tercer piso parte del pasillo y pasa por una habitación en forma de “entresuelo” con propósitos de servicio, arriba se encuentran dos habitaciones contiguas y un pequeño baño todos con visuales hacia una amplia azotea.Pero la validez de la solución espacial consiste en su repercusión en el volumen y, este a su vez, en el urbanismo. El edificio, a pesar de haberse construido en un entorno caracterizado por el predominio de edificaciones de un solo nivel, fachadas escuetas y parcas, coexiste armónicamente empero de la expresión monumental. Algunas edificaciones aledañas como el templo bautista (1909) y el Colegio del Apostolado (primera década del XX) contribuyen a equilibrar la desproporción entre las viviendas estándares y la excepcional residencia.
La coherencia radica, fundamentalmente, en la monotonía conseguida por el ritmo de los vanos en la fachada del primer nivel –la repetición de los elementos decorativos, las dimensiones y el diseño de la carpintería– que aproxima el frente a las viviendas en tiras, tan comunes en el centro histórico de Sagua. La carencia de movimiento en esta fachada, así como el respeto de las líneas de fachadas de ambas calles contribuyen a la armonía de este sector de la ciudad. El segundo nivel se distingue por el movimiento de la fachada facilitado por la presencia de una terraza con un balcón alargado hacia la calle Solís.
El último piso no se divisa muy fácilmente desde la calle por lo que, desde algunos ángulos fundamentales, no implica discrepancias con el ambiente construido. Es difícil, dada su ubicación y por la estrechez de los planos de perspectiva, llevarse una imagen del edificio en su totalidad, no obstante algunas azoteas y balcones cercanos muestran un cuadro mucho más completo que revela la verdadera magnitud de la obra. Es así como quedan disminuidos los estándares del tema doméstico ante la dimensión desmesurada del “Palacio Arenas” para el escenario urbano de una ciudad mediana como “la Sagua del 1918”.
Del eclecticismo al art nouveau
La saturación del eclecticismo y su esencia, puramente formal, lo habían llevado al cuestionamiento en el ambiente europeo de finales del XIX por lo que, de este período de crisis, surgieron algunos movimientos que constituyeron una reacción hacia el sistema de valores impuestos por la burguesía europea. El art nouveau, liberty, modernismo, jugendstill o sezession (nombres con que se conoció esta tendencia en diferentes naciones del viejo continente) planteaba la ruptura con el historicismo impuesto por los cánones clásicos del neoclasicismo y el eclecticismo o por el medievalismo del neogótico. Formalmente, optó por una imagen artesanal de los elementos compositivos de la obra dando rienda suelta a la creación artística.
Sin embargo, en Cuba, el art nouveau ocurrió dentro de un período en que el eclecticismo tuvo la primacía. De modo que los artistas cubanos de esa época no tuvieron que lidiar con el debate filosófico que había dado lugar al modernismo sino que se limitaron a reproducir las variantes europeas que sufrieron algunas modificaciones generadas por el clima, las urbanizaciones, la idiosincrasia y algunos factores de índole constructivo (materiales, recursos humanos y financieros y desarrollo tecnológico). El art nouveau realizado en Cuba tuvo que competir con el eclecticismo, e incluso, muchas edificaciones diseñadas para ser eclécticas se transformaron en “nouveau” durante la construcción con el solo hecho de alterar el conjunto de elementos decorativos (a veces solo en las fachadas). El modernismo en muchos casos se manifestó solo en la herrería o algunas decoraciones con líneas onduladas y motivos de apariencia vegetal. Así, para algunos, el art nouveau se manifestó como una de las tantas vertientes del eclecticismo aunque se realizaron obras que avalan su legitimidad dentro de este pequeño lapso que abarcó aproximadamente el primer tercio del XX.
La sinuosidad vegetal característica del “Liberty” no se utilizó en la disposición de los muros de la casa de “los Arenas-Armiñan” como tampoco abundó la curva en la volumetría de las fachadas, ¿habrá sido este el precio que pagó el art nouveau para poder integrarse al paisaje urbano? O, sencillamente, no era posible por motivos más tangibles como la conservación de una planta tradicional, la existencia de una parcela sumamente estrecha que dejó pocas opciones a la concepción espacial, o las desventajas tecnológicas y el encarecimiento de la mano de obra y los materiales. En este caso, la manifestación más evidente del estilo surgido en Bélgica radicó en las formas y motivos representados en la decoración; si bien es cierto que el diseño de un buen número de piezas se basó en la figuración de elementos salidos de la naturaleza, otros fueron fruto de la libre creación del artista, llegando a surgir formas que refuerzan el carácter exótico del inmueble.
La decoración en los interiores, múltiple, variada, se convierte en una amalgama de objetos que envuelven las habitaciones desde los pisos hasta los techos. Los pisos de mosaicos se destacan por su variedad: los motivos vegetales –una relación más evidente con el estilo- caracterizados por la policromía y la asistencia de las flores, otras losas con diseños geométricos –conformadas por una retícula cuadrada donde los pequeños espacios interiores se rellenan con colores para obtener una figura-resultan más contrastantes con las curvas predominantes en el resto de los elementos compositivos de la ornamentación, también es de destacar el relieve de las losas en el patio y la terraza que simulan pequeñas piedras incrustadas para lograr la imagen. Los muros están revestidos por un estuco muy pulido; un zócalo de escayolas aparece en las habitaciones fundamentales mientras el ángulo con el techo está rematado por escocias de yeso decoradas y, a veces, polícromas. Uno de los elementos más importantes de la composición es la carpintería, juega un rol fundamental en las atmósferas interiores, no solo por su forma, sino por el cúmulo de colores que se reúnen en los vitrales por donde penetra la luz y se conjugan tonos desde al verde hasta el malva creándose un ambiente exótico distinguido por los colores crepusculares que conjuntamente con la decoración refuerzan la naturaleza onírica del edificio.
No se puede precisar, con la información disponible, como se concibió el “Palacio Arenas”; no existen los planos del proyecto por lo que es posible que el arquitecto no haya diseñado un edificio art nouveau y que, durante el proceso constructivo, la decoración haya cambiado el estilo planeado inicialmente. En todo caso, se reunieron una gran cantidad de elementos del modernismo, algunos de ellos como la forma de los vanos, columnas e, inclusive, el volumen presuponen una previa intención modernista que, dada su coherencia conceptual y formal, debió ser fruto del conocimiento del movimiento o, más aún, de una formación académica por parte de su autor.
La procedencia española del matrimonio Arenas-Armiñan y los estudios de derecho de uno de sus hijos (Valentín) en la Universidad de Deusto favorecieron la aprobación del diseño propuesto por el arquitecto -que una de las últimas hijas que vivió en Cuba identificó con el apellido de Capestani o Caspetani (su grafía exacta y origen se desconocen)- un atrevimiento en medio de la sobriedad del urbanismo sagüero de principios del siglo XX. Tal vez el gusto de la familia formado y refinado por las constantes visitas a la capital y las salidas al extranjero –algunos países europeos considerados en la actualidad como pioneros del art nouveau- pudo influir sobre el concepto del autor, tal vez fue este último quien los convenció de aceptar aquel extravagante proyecto que, para los ojos de los desconocedores, comenzó a ser “el castillo” gracias a la caprichosa imagen de ensueño que se materializó en el edificio. Obsequio, según algunos, del marido a su angustiada esposa Florinda para compensar la pérdida de una hija pequeña.
La excepcionalidad, la rareza de una mansión de esta naturaleza; la cercanía a la herencia árabe de la España del Mediterráneo, el medievalismo y la historia, casi trágica, de la familia desperdigada y reducida aún más con el enclaustramiento voluntario después de 1959 han contribuido a intensificar el espíritu romántico del edificio en contraposición con su estilo modernista.
Estética Vs. Tecnología
Sagua la Grande fue pionera del eclecticismo en Cuba, la calidad del diseño y la ejecución de las obras arquitectónicas de este período son testimonio de ello. El gran número de edificios con un valor indisputable construidos en menos de 30 años debe haber estado respaldado por la presencia de una mano de obra competente que, en corto tiempo, logró un alto grado de especialización tanto en materia estructural como en la confección de la decoración, cuestión tan esencial en este estilo.
El “Palacio Arenas” reúne una variada decoración de exquisita factura con técnicas y diseño extraordinarios en el ámbito sagüero. Algunas prácticas empleadas en la decoración (las escayolas, las cenefas caladas en el remate de los zócalos y de algunos vanos y la decoración de granito en los vanos de las habitaciones principales (uno de los elementos más destacables y más cercanos al ideal art nouveau) en los interiores) solo se han podido encontrar en escasos exponentes de inmuebles de esta época. El empleo de dichas técnicas en función de la producción de elementos decorativos y la combinación de los mismos constituye un aspecto fundamental en la conformación del ambiente arquitectónico tanto de fachadas como de interiores.
Sin embargo, a pesar de la existencia de muchas edificaciones en la región que fueron decoradas con los elementos producidos por la fábrica de Aurelio Cruz –la mayor parte de los edificios eclécticos y varias viviendas unifamiliares- no es posible establecer una analogía entre el “Palacio Arenas” y las obras ornamentadas por este artesano que estableció su industria en Sagua. Los elementos de Aurelio Cruz Bello, seriados en su mayoría, interpretaciones de elementos clásicos en función del historicismo propio del eclecticismo, no se podían utilizar para alimentar el caprichoso art nouveau; de modo que es probable que la decoración de la casa de “los Arenas-Armiñan” haya sido un encargo a alguna empresa no radicada en la ciudad o, en todo caso, un encargo con carácter exclusivo a algún fabricante local que debió haber encarecido aún más la erección de la casa monumental.
Es contradictoria la importancia otorgada a la forma y la decoración obviando prácticamente varios puntos concernientes al diseño de la estructura o, la puesta de la estructura en función de lo formal. A juzgar por las apariencias, se puede decir que una buena parte de las soluciones constructivas no fueron concebidas en el proyecto y debieron improvisarse durante la ejecución, o acaso el proyecto se modificó durante el proceso constructivo y no se dieron adecuadas soluciones a dichos cambios.
Tampoco fue eficaz la combinación de los materiales. Se manifiesta una excesiva presencia de elementos de acero o hierro fundido en la estructura, determinada por la utilización de losas mixtas en los entrepisos donde el papel principal lo juega un raíl de “vía estrecha” (material muy común en Cuba en esta época debido al cambio tecnológico del ferrocarril) que ha provocado fisuras en los revestimiento de yeso y otros elementos de los techos debido a su corrosión y columnas de hierro fundido que fueron revestidas, en algunos casos, con una capa de hormigón que asumió la decoración y que ha ido fracturándose debido a la corrosión del núcleo por la humedad de algunos bajantes pluviales empotrados en el concreto.
La mayor parte de los elementos decorativos dispusieron de refuerzos de acero, a veces innecesarios, otras veces exagerados. Pero un factor importante en el actual deterioro, e incluso destrucción, de algunas ornamentaciones lo constituye la superficialidad de los refuerzos metálicos, añadiendo que algunos de estos se encuentran revestidos con morteros o masillas ricos en cal que han acelerado los procesos de oxidación extendiéndose incluso a las canalizaciones eléctricas constituidas por tuberías y cajas de hierro lo cual ha provocado fisuras y abofamientos en los estucos y escayolas de los muros.
Otros defectos de la construcción están dados por el uso indiscriminado de muros de ladrillo alicatados en función de cierres; sostenes, en ocasiones, de grandes paños de carpintería que han sido desmontados en la actualidad por su alto nivel de deterioro.
La carencia de un estudio del diseño estructural, la imposibilidad de resolver el singular volumen con las técnicas constructivas, los materiales y la mano de obra con que se contó o las adaptaciones deliberadas al diseño durante la ejecución pudieron ser causas de los defectos constructivos que se manifiestan en la actualidad en el alto grado de deterioro de la edificación en contraposición con otros inmuebles contemporáneos, algunos menos suntuosos (también mucho menos pretensiosos en materia de arte) que se conservan en perfecto estado casi un siglo después de su fabricación y a pesar del abandono y la falta de mantenimientos sufrida durante varias décadas.
Algunas Impresiones
Algunas fuentes hablan de la supuesta ruina de la familia al terminar la construcción, otras difieren en cuanto a este tema. La presencia de un cúmulo de hipotecas sobre la obra apenas terminada –ya en 1922 y hasta los 50´s- constituye en elemento a tener en cuenta. Por otro lado algunos ven en el “Palacio Arenas” una obra inacabada, se acaba la fastuosidad de las habitaciones principales al avanzar hacia el fondo, incluso se puede apreciar ausencia de pintura y elementos decorativos aparentemente inconclusos. Es posible que la idea inicial cambió durante la ejecución o que el edificio haya sufrido alguna reparación en sus zócalos (no sería descabellado pues en la actualidad se aprecia un alto grado de humedad a causa de la capilaridad de los muros que ha deteriorado una gran parte de las escayolas) con obreros que no pudieron restaurar la decoración dañada.
Un elemento contradictorio con respecto a la supuesta quiebra de los Arenas radica en la propia vida del más sobresaliente de la prole, Valentín Arenas Armiñan, quien validó su título en Derecho en varias universidades y realizó recorridos por varios países europeos. Se estableció como notario en Sagua, aquí fundó la Asociación de Caballeros Católicos y cooperó con algunas empresas de carácter benéfico. Más tarde se trasladó a La Habana donde desempeñó altos cargos al frente del Banco Gelats e integró algunas delegaciones cubanas a eventos internacionales de la iglesia católica.
Algunos miembros de la familia abandonaron la ciudad en los años posteriores. Con el triunfo de la Revolución varios de ellos abandonaron el país quedando en el inmueble 3 hermanos solteros y sin descendencia que se marginaron de la sociedad cubana de esos años.
El Palacio Arenas ha estado rodeado a lo largo de su historia de hechos e incógnitas que además de acentuar su espíritu romántico han provocado la curiosidad de varias generaciones de sagüeros. El misterio del edificio y de la familia y su introversión, las puertas y ventanas totalmente cerradas sin la más mínima grieta para comprobar la vida interior y el velo que se levantaba noche tras noche al salir de las ventanas del último piso un misterioso haz de luz multicolor a través de los vitrales ayudaron a la gente a tejer historias oscuras alrededor de la mansión y los vestigios de la familia.
Y para colmo, uno de los robos más recordados en la mansa década de los 80´s: un renombrado homosexual y algunos compinches-amantes invadieron la quietud del edificio para llevarse consigo ciertos bienes: algunas prendas de poco valor y algunos cubiertos antiguos. Treparon por un poste del tendido telefónico y violentaron una puerta a través del balcón para penetrar en la penumbra interior; el mismo poste por el que, algunos ancianos aseguran, escapó Carmita, una de las hijas que, dicen, fue expulsada de la familia por casarse con un hombre no aprobado por sus padres y que años más tarde tratara de suicidarse con unas tijeras en el pecho tras la pérdida de un hijo y el abandono del marido. Carmen Arenas, de la otrora opulenta familia, vagó loca por la ciudad siendo objeto de crueles burlas por su cría de gatos, su ropa sucia y vieja, y los trastornados discursos acerca de su vida; con ella, los comentarios sobre su turbulento pasado. Murió en la década de 1990 en medio de la pobreza y el delirio. Por esta época murió también la última de las Arenas-Armiñan que habitara la casa, algunos años después el edificio pasó a manos del estado.
El Futuro
En el año 2005 se comenzó la restauración del edificio mediante un proyecto de colaboración internacional con el Gobierno Autónomo Canario. Con él se pretende habilitar una institución para la enseñanza, promoción y divulgación de las artes plásticas y la música.
Hasta el momento no se han logrado grandes avances en la obra producto de las grandes dificultades que enfrenta el país y, más directamente, el municipio. Por este motivo han quedado a medias las acciones iniciadas en el 2006, quedando expuestas a la intemperie algunas zonas del edificio y acentuando la incertidumbre de su futuro.
El Palacio Arenas continua esperando para continuar las labores de restauración ya iniciadas, es necesario y urgente o ¿podrá Sagua la Grande vanagloriarse en el futuro de haber contado en su patrimonio con una obra de está importancia y haberla perdido al igual que un gran número de edificios importantes que hoy forman parte de su herencia perdida?