Estado Vegetativo Persistente ¿Objetos o personas? Los investigadores sagüeros también tienen un espacio en Sagua Viva.

09.09.2011 23:48
Autora: Dra Rosario de las Mercedes Lagos Bermúdez.
Especialista de Primer y Segundo Grados en Medicina General Integral.
Master en Educación Superior en Ciencias de la Salud.
Master en Longevidad Satisfactoria.
Profesora Auxiliar ISCMVC.

Hace aproximadamente un año, alguien en mi presencia aseguró categóricamente que los pacientes en Estado Vegetativo Persistente (EVP) no eran personas. El respeto a cada opinión es una norma de nuestra ética médica, sin embargo, amén de la división de criterios acerca de un dilema bioético apasionante como este, también quiero emitir la mía.
En el mes de marzo de 2007, el mundo se conmocionaba ante la noticia: Una mujer norteamericana de 41 años en EVP desde hacía 15, había sido desconectada del tubo por el cual se hidrataba y alimentaba, tras la solicitud de su esposo, quien aludía como razón fundamental la petición realizada por ella años antes, de que si le sucedía algo, nunca la dejara en un estado semejante. Dicha petición no constaba en ningún documento legal o no. Los padres de la enferma no estaban de acuerdo, sin embargo, el litigio fue ganado por el cónyuge – por cierto ya unido a otra mujer y con dos hijos – y tras trece días de agonía y de protestas en todo el planeta, Terry Schiavo moría por deshidratación e inanición.
Este caso no ha sido el único de su tipo, lo más triste es haber podido apreciar a través de nuestros noticieros, imágenes de la mujer, y desde el punto de vista médico reconocer que su estado previo a la desconexión era el de una paciente que había recuperado algunas funciones, y pensar en el suplicio de estar trece días sin recibir ningún tipo de alimentación o hidratación. Nadie merece eso.
Los pacientes en EVP se encuentran inconscientes, pero tienen preservadas las funciones del Tallo Cerebral y del Hipotálamo; se recuperan de un sueño tipo coma y tienen ciclos de sueño y vigilia, es decir, duermen y despiertan; tienen movimientos reflejos de las extremidades, pero no logran verbalizar ni establecer relación mantenida con el medio. Se utiliza el término persistente y no permanente, porque se acepta la posibilidad de una recuperación neurológica parcial, pues total es casi imposible.
Están o no inmóviles, a veces mueven el tronco y las extremidades, algunos sonríen y otros vierten lágrimas. Rara vez son capaces de comprender órdenes simples después del primer año, y aunque generalmente se encuentran con los ojos abiertos, no tienen ningún tipo de comunicación significativa. Pueden parpadear, bostezar, responder a estímulos dolorosos, estirarse, y los que alcanzan una supervivencia prolongada desarrollan casi siempre algún tipo de complicación.
Las causas que con más frecuencia llevan a este estado son diversas y entre ellas sobresalen los traumatismos craneoencefálicos, las malformaciones congénitas, anoxia y tumores cerebrales, intoxicaciones, enfermedades inflamatorias, degenerativas, infecciosas, metabólicas, etc.
Los cuidados médicos y de enfermería deben ser constantes, pues generalmente se alimentan por una sonda, respiran por traqueotomía y requieren de frecuentes aspiraciones endotraqueales, además de vigilancia y movilización para evitar úlceras por decúbito e infecciones respiratorias.
Algunos los definen como muertos y dicen que no son seres humanos, pues han perdido su identidad personal. Esta actitud la asumen incluso profesionales de la medicina.
Otros sustentan la teoría de la llamada “Muerte Social”. Para ellos, estos seres están socialmente muertos y carecen de la esencia de ser personas. No los consideran humanos, pues plantean que han perdido - al dejar de funcionar su corteza - la base fisiológica de aquello que es más importante para la persona.
Estudios bien documentados aseguran que, ante la opinión pública, los profesionales de la medicina recibirían un duro golpe al definir los cuerpos de los pacientes en EVP como muertos. Nosotros, los cubanos, seguimos aceptándolos como seres humanos vivos, porque aunque es real que han perdido un número importante de capacidades, también se registran en la literatura médica, casos de recuperación y de supervivencias prolongadas.
En algunos pacientes se restablecen ciertas capacidades perdidas; en ellos la mejoría resulta notoria a los dos meses de iniciarse el cuadro de Estado Vegetativo. Incluso hay confirmación de unos pocos que han llegado a tener formas incipientes de expresión oral, aunque sin lograr expresar un lenguaje coherente y congruente.
No dejamos de reconocer las implicaciones de todo tipo que traen consigo casos como estos, sobre todo en el seno familiar, donde provocan alteraciones importantes en su dinámica. Estos trastornos se traducen en su mayoría, en forma de crisis por desorganización.
Desde el punto de vista ético estimamos que constituye un atentado contra la dignidad del ser humano retirar la hidratación y la nutrición a un enfermo en EVP, a pesar de lo difícil que resulta una integración completa de todas las funciones perdidas. Solo el hecho de pensar que conservan funciones vitales y existe la posibilidad de alcanzar algún tipo de relación con el medio, obliga a considerarlos como vivos y a brindarles la asistencia médica que necesitan como tales, y en el caso de que nunca ocurriera, es un acto solo compatible con la eutanasia, y aunque esta no es el tema que nos ocupa, debe tenerse en cuenta como un símil de la actitud asumida por quienes en muchos lugares del mundo son del criterio de desconectar a estos seres vivos e indefensos de su soporte vital.
Las opiniones en el ámbito mundial se han separado en dos grupos: quienes piensan que estos pacientes son dignos de cuidados y respeto, que no se les puede privar de asistencia médica, y de una esmerada atención, y quienes sustentan que no son seres humanos, o que, si aún lo son, se encuentran en tal estado, que su vida no merece ser vivida.
Durante la práctica de la relación médico- paciente en Cuba, se ponen de manifiesto los tres principios básicos sobre los que se sustenta la Bioética (autonomía, beneficencia y justicia).Para nosotros es un barbarismo considerar como un bien para alguien, el hecho de ser privado de su mecanismo de alimentación y dejarlo morir por deshidratación e inanición. ¿Se pondrá en el lugar del que sufre quien lo hace? ¿Se imaginará lo que está sintiendo en su lenta agonía? ¿Quién lo autoriza a decidir por otro?
Algunos han llevado al terreno del debate la afirmación de que estos pacientes no son seres sociales. En el curso de esta investigación consultamos la opinión de varios especialistas en el tema y todos manifiestan el mismo criterio: Sí son seres sociales, porque se insertan en el medio familiar, interaccionan con otros, para los cuales son importantes y les prodigan cuidados, también la sociedad destina a su mantenimiento una serie de recursos importantes, es por eso que no podemos excluirlos de esta clasificación.
El respeto al ser social es el fundamento de las relaciones humanas y constituye un deber moral de cada hombre, y en el caso de los profesionales de la salud en nuestro país adquiere una connotación mayor pues la propia sociedad nos ha asignado un encargo: La protección de la salud y el cumplimiento de los códigos, normas y principios de la moral establecidos, entre los que se encuentra el abrigo y cuidado de los pacientes en EVP, porque ellos, sin dudas, no son objetos: son también personas con una vida diferente.











Ella no es la única en el mundo. Impidamos que el ser humano deje de ser racional.


Nota de la autora: Quisiera conocer los criterios de quienes lean este artículo acerca de su posición respecto al sensible dilema. Pueden dirigirlas a la siguiente dirección de correo: rlagos@sabaneque.vcl.sld.cu Muchas gracias.