Evangelina Cossio.

08.09.2011 19:18

Casi todos los hechos que sientan pautas en la historia están escritos con sangre generosa, al que le dedicamos espacio aquí costó la vida a 8 personas y 21 fueron los encarcelados. Su personaje central llena un nombre femenino; Evangelina, aunque una vez tomó prestado el nombre de Juan y gracias a él se recaudaron miles de pesos para la causa de la liberación cubana, se escribieron y editaron dos libros, se acuñó una moneda, dos reinas cruzaron mensajes, Sindo Garay compuso una canción , se “levantó” el diario norteamericano “The Journal” y la opinión publica de buena parte del continente volvió los ojos hacia nuestra Isla del Caribe, donde los mambises del 95 luchaban con ánimo redentor.

A principios de 1895 llegó a la Isla de los pinares un deportado más: Don Agustín Cossío y Serrano, a quien acompañaban dos hijas adolescentes. Él se había ganado en la jurisdicción de Sagua la Grande el apelativo de “El peligroso” en los círculos coloniales por su manifiesta rebeldía ante el dominio español y más de una vez expresó el apoyo al derecho de Cuba de ser libre.

Don Agustín y sus hijas fueron a vivir a una casa comunal, asiento de otros muchos que habían llegado allí por las mismas razones. Por entonces gobernaba la plaza en la Isla pequeña un coronel joven y presuntuoso, José Bérriz, para quien los deportados constituían el mayor motivo de preocupación, y Agustín no era una excepción,  pero muy pronto la mirada del gobernante dejó de vigilar al padre y centró su mirada en la hija mayor. Evangelina tenía en aquel entonces solo 17 años. La intensión del coronel pasó a convertirse en asedio, luego en acoso y finalmente en un reto para el español.

El peligro que acechaba a la joven era evidente y muy pronto ella trazó un plan con la ayuda de tres colaboradores; Félix Arias, Bruno Hernández y Emilio Vargas, este plan se convirtió en una conspiración para derrocar a Breéis y declarar a la Isla de Pinos territorio libre de Cuba.

Arias, inteligente y culto fue el encargado de proporcionar toda la información sobre Breéis; Bruno fue responsabilizado de movilizar la opinión de la Isla y reclutar a residentes en ella para el golpe; y a Emilio le correspondió la tarea de organizar un cuerpo de milicias capaz de hacerse cargo de la Isla cuando capitularan los voluntarios.

Todo estaba previsto para la ocasión.  Bérriz continuaba insistiendo y la joven dándole de largo, un día, cuando todo estuvo dispuesto el coronel toco a la puerta y fue recibido a punta de pistolas. Mientras Emilio lo conminaba a firmar el pliego, el coronel con sus gritos de misericordia alertó a los voluntarios apostados cerca de allí y muy pronto se inició la persecución. Los revolucionarios lograron alcanzar el escondite donde tenían los caballos. Al lugar acudió Bruno Hernández con su grupo y lamentablemente perdió la vida por la superioridad de los españoles. La derrota cegó la vida de muchos días después y los que quedaron con vida en los combates fueron macheteados en un arroyo cercano, el cual desde entonces lleva por nombre El arroyo de los muertos.

 La historia de aquel 26 de Julio, pero del año 1896 fue silenciada durante muchos meses, aquellos durante los cuales Evangelina Cossío, atadas las manos a la espalda, junto a su padre y 21 deportados más, fue trasladada a La Habana en un barco donde la brutalidad de los servidores de la corona se ensañó en ella y en sus compañeros.

Llevada desde Batabanó a la capital por ferrocarril, su arribo a la ciudad revistió caracteres de máxima crueldad. Desde la terminal que entonces estaba en los terrenos del Capitolio, la muchacha fue empujada y casi arrastrada por las calles mientras se le exhibía públicamente acompañando la presentación con los peores adjetivos. Aquel triste paseo terminó en la casa de recogidas, cuya entrada daba a la calle Arsenal.

Encerrada en un calabozo junto a presas comunes, Evangelina no recibió alimento durante muchos días. El grado de peligrosidad que los españoles adjudicaban a la muchacha quinceañera puede ser medido por la Orden de Intercomunicación que fue firmada por el propio Valeriano Weyler, a la sazón enviado a gobernar y pacificar la Isla.

Durante 15 meses padeció la joven esa situación. Privada de lo imprescindible para vivir, la muchacha tuvo que dormir en el suelo y la comida llegaba solo cuando se acordaban los voluntarios, lo cual siempre llegaba con una ración de malos tratos, ultrajes y golpes. Finalmente fue condenada a 20 años de cárcel en la prisión hispana de Ceuta, en las costas de África.

Delgada en extremo , con las ropas raídas y los ojos hundidos, un buen día de 1897, la presencia de aquella bellísima muchacha en sitio tan impropio y sometida a las peores condiciones, llamó la atención del cónsul norteamericano, el cual aprovechó los intereses de su país con las colonias españolas en América y rápidamente inició negociaciones para conseguir su libertad. Dos periodistas la visitaron en La Habana y tras sus primeras visitas, los reporteros comenzaron a fraguar el plan para el escape de la joven. Al tiempo que en la Habana se preparaba la evasión de Evangelina, la opinión pública norteamericana comenzó a ser alertada por “The Journal”. Organizaciones femeninas y gremiales iniciaron una campaña para reclamar de la reina María Cristina el perdón, pero la soberana se mantuvo impertérrita. Sólo otro mensaje logró conmoverla, el enviado por la reina Victoria de Inglaterra que unió su firma a la de 10 mil mujeres estadounidenses pidiendo la libertad de la heroica cubanita. La generosidad de la soberana de España fue poca, pues cambió a Evangelina la prisión por el confinamiento en un convento español.

Entretanto en Cuba 5 personas, dos cubanos, dos norteamericanos y un inglés concretaban sus planes para propiciar la espectacular fuga de Evangelina.

El 8 de Octubre de 1897, los amigos de Evangelina  le obsequiaron una caja de bombones, que ella cuidó de no comer, pero sí de repartir entre las 13 mujeres que compartían con ella la prisión, cuando el narcótico hizo efecto, uno de sus amigos terminó de limar uno de los barrotes que había comenzado a cortar 2 días antes para que la muchacha pudiera salir. Evangelina vistió ropas de hombre y se trasladó a la calle de Paula y de allí bajo el nombre de Juan Sola viajó a Nueva York en el vapor “Seneca” lo que constituyó un verdadero revuelo publicitario en la capital norteña. El heroísmo de la joven cubana fue conocido por todos. Su historia quedó en un libro que editó la dirección de “The Journal” y mientras proseguía  su labor propagandística a favor de la causa cubana por ciudades  como Filadelfia y Chicago, su bello perfil quedó acuñado en una moneda “souvenir” hecha para recaudar fondos, la enorme popularidad de la muchacha la llevó hasta el despacho del pripio presidente yanqui Mac Kinley, quien la recibió en el palacio de gobierno norteamericano. Evangelina ya casada en el año 1902  se retrajo ante los acontecimientos de la falsa declaración de independencia.

En los años 60 con 90 años de edad Evangelina concede una entrevista a la revista Bohemia contó que su primer colegio fue el de la Pinillos en Isabela de Sagua y el padre trabajaba como pesador de caña en los centrales de  Sagua la Grande.

Aquella jovencita encabezó el primer 26 de Julio histórico de Cuba, pero fue en 1896 en la Isla de Pinos, demostrando que el deseo de libertad y la llama de lucha  se encuentra en todos los cubanos. Ya lo dejó dicho Sindo Garay que en Cuba no se le recuerda como debería ser y por sagüera y por gloriosa.

“EVANGELINA”

Autor: Sindo Garay.

Evangelina…

Amor del patrio suelo.

Ser que idolatro

Con toda mi existencia

Desde que oí tu nombre,

Sufría mi conciencia

Y mi alma conmovida

En ti sólo pensó.

Yo no te he visto nunca

Pero tu dulce nombre

A tiempo que lo llevo

Grabado en mi memoria…

También vive en mi pecho…

Y te bendice Dios.

Perdona el extravío

De un bardo que te canta

Que no te adora Cuba

como debería ser.

Si en esta tierra ingrata

Se olvidan de los hombres

De ti yo no me olvido

Porque es mi religión.