Leyenda de los Tesoros del Mogote.

08.09.2011 23:54

Cuenta la historia que allá por el siglo XVI los mares de las Antillas estaba llenos de corsarios y piratas que llevaban a cabo innumerables correrías causando muchas víctimas. Ellos atacaban a los galeones españoles que hacían su travesía de España a Cuba y viceversa, cargados de oro, y se apoderaban del codiciado metal.

Los españoles decidieron no mandar más los barcos solos, pues cada vez que se realizaba un viaje tenían innumerables pérdidas y formaron lo que se llamó “las flotas” las cuales consistían en conjuntos de galeones que hacían unidos la travesía. Esto impidió a los ladrones de mar llevar a cabo muchas de sus hazañas. Pero siempre los piratas, que poseían una formidable astucia, se apoderaban de preciados botines, los que según cuenta la leyenda, ocultaban en refugios seguros en la línea de la costa de las islas que ellos recorrían con frecuencia.

Cuba fue una de las más visitadas por esos intrépidos aventureros, y esto da lugar a que la leyenda envuelva en su maya misteriosa a La Loma del Mogote que se levanta al oeste de la ciudad de Sagua la Grande. Es un lugar, según cuentan, que fue varias veces frecuentado por piratas quienes guardaban sus tesoros en las excavaciones naturales que presenta. Esta tesis es confirmada también por un corte vertical  visto desde el mar, que hace esta loma en su parte septentrional. Según la leyenda, este corte fue hecho a pico por los piratas para depositar allí el botín y enterrar allí a las víctimas que casi siempre ocasionaban al atacar un lugar.

Además de esconder esos tesoros en el mogote lo hacían con frecuencia en las márgenes del río Sagua la Grande, que quizás aún los guarde en su seno y nunca revelará este secreto, esperando tal vez que vuelvan aquellos lobos de mar a buscar sus preciados botines.

Cierta vez los piratas llegaron a las lomas del mogote a depositar uno de sus tantos robos, el bergantín en el cual viajaban estaba cargado de oro, producto quizás de un saqueo, y el capitán dio orden de esconder el tesoro. Cuando este estuvo bien oculto todos volvieron a la embarcación, menos el segundo, lo que hizo suponer que se había extraviado. Pero el capitán, que era hombre muy listo acostumbrado tal vez a las traiciones de sus compañeros, enseguida supo que el mismo se había ausentado con el fin de apoderarse del tesoro, y por este motivo dio orden a diez de sus hombres bien armados, de fusilarlo en cualquier lugar donde se encontrara.

Pero de pronto ¡Oh, sorpresa! se vieron rodeados por un grupo de bandoleros y comenzó la batalla.

La suerte no favoreció esta vez a los piratas, que fueron vencidos en la sangrienta batalla y se dispusieron a huir. En la retirada pudieron observar que el segundo era capitán de los bandoleros. Muchos afirmaron que así fue, pues este se había separado de sus compañeros con el fin de apoderarse del botín que consistía en onzas, medias onzas y doblones. Otros opinan que se extravió, y se unió a los bandoleros, y que para salvar su vida dijo que lo acompañaran y se repartirían el tesoro equitativamente. Pero resultó que el segundo siguió por mucho tiempo en la banda y como también era astuto, se apoderó del tesoro y se separó del grupo. Luego compró un bergantín para volver de nuevo a la piratería.

Esto nos hace suponer que si este fuera un verídico relato, como aquel tesoro que ocultaron allí y del cual se apoderó uno de los piratas, pudieron haber escondido otros muchos en el mismo lugar, pero multitud de sagüeros han visitado  estas lomas con resultados negativos. La mayor parte de las cosas que oímos relatar a personas antiguas en la ciudad, tienen mucho de fantasía que forjaba en su imaginación el divino sueño de la leyenda.