MARCET: “EN EL TRABAJO DIARIO RADICA TODO”

11.09.2011 12:56

11.09.2011 12:31

Se cumplió su medio siglo en el arte, con los honores debidos en Cienfuegos, donde radica actualmente, pese a que la prensa nacional ni siquiera se enteró de las celebraciones. Sea quizá Francisco Rodríguez Marcet (Sagua la Grande, 1932) uno de los artistas plásticos cubanos de la vieja guardia que menos espacio ha encontrado en nuestros medios; al menos durante las últimas décadas.

Foto tomada a Marcet durante su más reciente exposición personal,
realizada en la galería Bulevar de Cienfuegos.


Marcet -su nombre artístico- es la figura que realizó el monumento a los mártires del 9 de abril en Sagua, o las esculturas a Manuel Ascunce Domenech, en igual plaza y las de Héctor Rodríguez, en Sitiecito y Leopoldo Romañach, emplazada esta última en Corralillo.
Es el muralista cuya impronta quedara remarcada en las principales instalaciones culturales, docentes y turísticas de Cienfuegos, así como de otros lugares del país. El autor de más de 500 óleos diseminados por los cinco continentes, presencia recurrente en exposiciones personales y colectivas.
Este señor, quien lleva pintando ininterrumpidamente medio siglo, ha sido además el maestro de distintas generaciones de creadores nacionales, pues impartió clases y/o dirigió en varias de las primeras escuelas de artes plásticas creadas por la Revolución, como la Rolando Escardó, de Cienfuegos, y la Fidelio Ponce de León, de Sagua la Grande. Poco antes, en 1959, se había graduado en la única de su tipo que por entonces existía en Las Villas, la Leopoldo Romañach.
-¿Cómo surge su interés por la pintura?
“Desde niño. José Stacholy, graduado de San Alejandro, nos impartía clases de dibujo en la Escuela Primaria Superior de Varones, en Sagua. Él nos llevaba a un grupito de alumnos interesados en el arte a un taller a su casa, allí lo veíamos modelar el barro, pintar, y me incentivó lo del arte, aunque yo ya desde bien pequeño tenía la afición; desde que leía en El País Gráfico la sección dominical infantil de dibujos denominada Las páginas de mi abuelito, para la cual los chiquillos de toda la nación mandaban sus trabajitos y se publicaban los mejores.
“Stacholy nos exhortaba a enviar nuestras cosas, varios de aquellos muchachos luego se convertirían en artistas. Fue una valiosa oportunidad que apareciera ese hombre para encauzarnos, porque en aquel momento ningún gobierno invertía ni le interesaba el arte, mucho menos el infantil.
“Por mis avances en la materia, me convalidaron el primer año en la Escuela de Artes Plásticas Leopoldo Romañach, de Las Villas, donde solo tuve que pasar cinco de los seis reglamentarios, y me gradué de profesor de dibujo y pintura en 1959.