La cena de fin de año

21.01.2013 08:38
Ya me preparo para mi cena de fin de año y durante algunos momentos de reflexión, tan necesarios por estos días realicé un balance del año y de forma inevitable me detuve en la economía, economía personal, familiar y esa que está más allá de mi entendimiento y control.

El mundo económicamente caníbal preocupa a muchos en el comienzo de un nuevo año, y en lo particular me preocupa que nos alcance a su acelerado paso, en un momento en el que una pirámide invertida de valores nos sojuzga desde la raíz. El éxodo hacia una política con sólida esencia económica socaba mi cotidianidad y pone en peligro importantes sueños sociales por los cuales se luchó durante décadas.  Mientras esperaba para comprar algunos productos para esta añorada cena,  conversaba en la cola con dos amigos, uno, “negociador por cuenta propia” que durante toda su vida ha tenido grandes oportunidades para engrosar el bolsillo sin mucho esfuerzo, el otro,  un sagüero, apasionado del séptimo arte, que lleva 10 años viviendo en los Estados Unidos.
El primero inmediatamente preguntó por mi salario, intencionadamente inquirió sobre cuanto había crecido éste en proporción con el alza de los precios en todos los mercados de Cuba, consciente de mi respuesta. El segundo fue mucho más sagaz con su comentario, y como acostumbra a hacer, buscó de referencia alguna película que recordó en el momento.  Recitó con prodigiosa memoria el monólogo que pronunciaba Arthur Jensen en “Network”, filme de 1976, dedicado a  la televisión y al capitalismo y me gustaría compartirlo con todos aquellos que visitan este sitio.
“…Usted es un hombre viejo que aún piensa en términos de naciones y pueblos… ¡No hay naciones! ¡No hay rusos! ¡No hay árabes! ¡No hay Tercer Mundo ni este ni oeste! Sólo hay un vasto inmanente entretejido interactivo multiformal y multinacional dominio del dólar. Petrodólares, electrodólares, multidólares, marcos alemanes, francos, rublos, libras, talonarios… Es el sistema internacional de libre cambio el que determina todos los aspectos de la vida de este planeta, éste es el orden natural de las cosas hoy día. ¡Esta es atómicamente y subatómicamente y galácticamente la estructura de las fuerzas de la naturaleza! Y ahora usted expiará su pecado. ¿Me expreso claramente, señor Beale? Usted aparece en la pantalla de 21 pulgadas y habla a gritos de América y de democracia. No existe América. No existe la democracia. Sólo existen la IBM y la ITT y la ATT, la Dupont, la Dow, la Union Carbide y la Exxon. Éstas son las naciones del mundo hoy en día. (…) El mundo es un negocio, señor Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió de las cavernas. Y nuestros hijos han de poder vivir, señor Beale, en un mundo perfecto en el cual no habrá guerra ni hambre ni opresión ni brutalidad, como si fuese una compañía universal ecuménica para la cual trabajan todos los hombres con un objetivo común y de la que todos los hombres podrán tener una acción. Toda necedad quedará satisfecha. Toda ansiedad, tranquilidad. Todo aburrimiento, evitado. Y yo lo he elegido a usted, señor Beale, para que predique este Evangelio…”
En estos malabares intelectuales de tres aficionados a la economía resulta difícil llegar a un entendimiento, cuando existen tres perspectivas diferentes de ver el mundo y de ganarse la vida.  Al primero no le preocupa cómo funciona la estratoeconomía porque ha aprendido a vivir con sus vaivenes, el segundo forzadamente entró en ella, pues donde reina ATT  él tiene que ingeniárselas para subsistir y mantener el paso,  y yo, ni he aprendido como funciona ni le puedo seguir el paso. Sólo trabajo y existo soñando en ese mundo perfecto para mis hijos, aún cuando en estos momentos, aunque existan otras aspiraciones, el mercado me condiciones las compras para la cena de este fin de año